Fumar CBD atrae cada vez más a los amantes del bienestar natural. Pero no todos los métodos son iguales: la combustión y la vaporización tienen efectos y riesgos diferentes. Es importante comprender estos dos métodos de consumo para fumar CBD sin peligro.
Fumar CBD: ¿de qué estamos hablando exactamente?
El CBD se puede consumir de diferentes formas, algunas de las cuales están destinadas a ser fumadas. Las más comunes son las flores de CBD, que se secan y se desmenuzan antes de liar un porro, a veces con tabaco, o se inhalan con un vaporizador.
También hay resinas de CBD con mayor concentración de cannabinoides, así como e-líquidos que contienen CBD para cigarrillos electrónicos. Cada método tiene sus adeptos y algunos son más o menos desaconsejables.
En Europa, la legislación autoriza la venta y el consumo de productos con CBD si contienen menos del 0,3 % de THC. Las flores se pueden vender, pero su consumo mediante fumado sigue siendo controvertido, ya que la combustión desprende sustancias nocivas.
En Francia, el país está llevando a cabo un proyecto para reducir el consumo de tabaco y los porros de CBD se fuman habitualmente con nicotina. Para complicar aún más las cosas, las autoridades tienen dificultades para distinguir entre una flor de CBD y una flor de cannabis. Por lo tanto, te expones al riesgo de recibir una multa.
No te preocupes, hay otras formas de fumar CBD que son más saludables y legales.
Los efectos del CBD fumado en el organismo
Fumar CBD produce efectos rápidos, a menudo buscados por sus propiedades relajantes. La inhalación de CBD por cualquier método favorece la relajación muscular, reduce el estrés y la ansiedad y puede ayudar a mejorar la calidad del sueño.
Algunas personas también lo utilizan para aliviar dolores leves o tensiones nerviosas, gracias a sus propiedades calmantes y antiinflamatorias.
Una de las principales ventajas de la inhalación es su rápida acción, ya que los efectos se notan en pocos minutos, ya que las moléculas pasan directamente a la sangre a través de los pulmones.
Sin embargo, la forma de consumo juega un papel esencial. Fumar un porro de CBD, a veces mezclado con tabaco, expone a los riesgos relacionados con la combustión, como el alquitrán, el monóxido de carbono y otras sustancias irritantes para las vías respiratorias.
Por el contrario, la vaporización o el uso de cigarrillos electrónicos con CBD permiten evitar la combustión y limitan la producción de compuestos tóxicos, al tiempo que conservan una rápida eficacia.
Sin embargo, los efectos del CBD fumado son de corta duración (aproximadamente una o dos horas) y pueden incitar a un consumo repetido. Aunque el CBD no crea dependencia física, algunas personas que buscan una relajación inmediata pueden desarrollar una dependencia psicológica.
Combustión frente a vaporización para fumar CBD
La combustión y la vaporización son dos métodos muy diferentes para fumar CBD. Cuando se fuman las flores de CBD en un cigarrillo slim, la combustión alcanza más de 600 °C, lo que destruye parte de los cannabinoides y produce sustancias tóxicas como monóxido de carbono y alquitrán si se añade tabaco.
Estos compuestos irritan los bronquios, alteran la calidad del aire inhalado y, a largo plazo, pueden afectar a la salud pulmonar.
Por el contrario, la vaporización calienta las flores entre 160 y 220 °C, una temperatura suficiente para liberar los principios activos sin quemar la materia vegetal. Este método permite una inhalación más pura, sin humo ni olores persistentes, al tiempo que conserva la riqueza aromática del cáñamo.
También permite controlar mejor la dosis y evitar los aditivos nocivos presentes en el tabaco. En resumen, la vaporización es una alternativa más saludable y eficaz que la combustión para disfrutar de los beneficios del CBD sin peligro.
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